El Bravo Juan Chelemín

El cacique Chelemín, figura que se destaca en la historia envuelta por los resplandores del incendio.
Es Chelemín, caudillo de Andalgalá, cacique de numerosas tribus, quien en 1634, apenas se escucha el rumor bélico de clarines o pingollos, se lanza alIado oriental de las sierras, con la impetuosidad del torrente, por las espaldas de granito del escarpado y majestuoso Aconquija. Con efecto: apénas llegan a oídos de Chelemín los ecos de venganza de los caciques y curacas calchaquíes, cuando el formidable caudillo andalgalense convoca a sus guerreros y se lanza a batallar, sin esperar que el castellano llegue a sus dominios. Los nevados del Aconquija, que mi­ran al norte perderse entre las nubes, no le detienen el paso. El sabe el secreto de sus valles; y, sin duda alguna, se precipita a la cabeza de sus guerreros por la quebrada por donde corre el Ilamado rio de las Cañas, que va a dar en el valle de Alpachiri e invade la jurisdicción de San Miguel de Tucumán. Sabe que otra porción importante del ejercito castellano le amenaza por la espalda y desanda el camino, donde ha sembrado el pavor, y ora en las sierras, en las llanuras o en las trincheras de su fuerte, presenta combate al general Cabrera.
Las condiciones que caracterizan la personalidad del Chelemín andalgalense, hacen que su nombre se escriba juntamente con -el de los demás guerreros de la conquista y la resistencia, porque, como éstos, es Chelemín uno de los batalladores por la libertad de la tierra natal, que desdeñaba la civilización española por su propia independencia, por más mísera y triste que fuese su vida de salvaje. Al valeroso cacique. por tanto, puede muy bien aplicarse la frase de un escritor de nuestros días: "El Calchaquí quiso más bien parecerse a la esbelta vicuña, que pide a las ásperas cumbres una yerba escasa y pobre, bebe el agua del ventisquero y corre riesgo de sucumbir bajo las garras del cóndor; pero que es libre, y juzga que ningún peligro es mayor que la servidumbre, pues muere de cierto en el cautiverio".
Chelemín está formado de esa pasta que da al cuerpo la consistencia del hierro.
Sin duda que Chelemín, por lo poco que de él nos refiere la crónica, o porque sus hazañas son limitadas, no es una personalidad como la de D. Juan de Calchaquí; aunque también es cierto que en la historia de los hombres, el infortunio empequeñece las dimensiones del héroe.
Es por esto mismo que, prescindiendo de sus hazañas, D. Juan de Calchaquí, estará siempre por encima de Chelemin: aquél pudo arrojar a los abuelos de la raza blanca, y éste tuvo que ser sacrificado por sus nietos: en Calchaquí el héroe encuentra ovaciones, y en Londres se alza el patíbulo para la víctima.
Calchaquí antes de Chelemín, ha estado mucho tiempo postrado a los pies del vencedor. Por eso apenas D. Felipe de Albornoz llega a hacerse cargo de la sumisa gobernación de Tucumán, cuando corren centenares de caciques a doblar ante él la rodilla ya sufrir baldones y vergüenza.
Sólo Chelemín se ha quedado en sus valles.
Su hijo que porfiara por rendir homenaje al nuevo enviado de D. Felipe, vuelve tan colérico como abatido, lo mismo que los doscientos vasallos que le acompañaran, con las señales del látigo en el rostro, y sin la espesa y larga cabellera lacia, que la esposa del cacique trenzara orgullosa con sus manos.
Chelemín se llena de ira por la afrenta que ha recibido su hijo y los curacas de las tribus amigas; hace suyo el baldón a su estirpe, y estalla, dando gritos de guerra.
Chelemín es el arma de la insurrección, que cruza las montañas y pone en peligro a San Miguel, que cerraba las puertas de Calchaquí y tenía en constante acecho a talles y anfamas, mientras el incendio cunde hasta Salta y Jujuy, por un lado, y Londres, y aun La Rioja, por otro.
Las tribus todas están de pie, faltando sólo a la consigna los ocho pueblos de los pulares de Salta. El Gran Alzamiento que he descrito, menciona el Dr. Adán Quiroga, tiene entonces lugar, durante el cual sucumbe Yucumanita; y el valeroso capitán Ubina y sus compañeros son las primeras víctimas de Chelemín, quien hace a un lado todos los estorbos, con el propósito de.apretar el cerco de San Miguel, el cuartel general del ejército castellano en ese entonces.
La crónica nos refiere la horrible confusión que reinara. Los andalgalás, vasallos de Chelemín, más que cualquiera de las tribus, hacen lujo de bravura y de furor, si exceptuamos a los atiles de La Rioja, sus aliados, que sacrificaron bárbaramente a Fray Antonio Torino, a quien quisieron hacer arrodillar ante su ídolo y beber en el cáliz la chicha de sus bacanales.
Como el centro de operaciones de los naturales era en el corazón de Calchaquí, el general D. Jerónimo Luis de Cabrera fue enviado a sujetar a Andalgalá, o el valle de la tribu de Chelemín. Sus tentativas de vencer a los andalgalenses, con el propósito de pasar a Santa María, fueron estériles, puesto que éstos "le hicieron tan vigorosa resistencia, que le obligaron a retroceder y retirarse a la ciudad de Londres".
Es de pensar, y con justos motivos, que en esta época debe haber sido cuando Chelemín construyó su fuerte a Inmediaciones del actual pueblo de Andalgalá, cuyas ruinas se conservan en largas murallas de piedra suelta. A propósito, es oportuno advertir que no debe confundirse el fuerte de Andalgalá "de Chelemín" con el Fuerte de Andalgalá de "San Pedro de Mercado", desde donde posteriormente salió en campaña contra los calchaquíes el bravo general D. Francisco de Nieva y Castilla, llevando el propósito de secundar los planes del gobernador Mercado y Villacorta, de quien este último fuerte tomó el nombre.
La expedición de Cabrera contra los andalgalense no pudo tener resultados. Chelemín, engreído por la victoria, siguió en persecución del general, picándole la retaguardia hasta sitiarle en Londres, al que los indios dejaron en seco con el desvío que hicieron de las acequias que proveían de agua al pueblo, y al que los españoles se vieron obligados a abandonar, dejándole en poder del enemigo.
Así sucumbió Londres.
Es probable, aunque nada diga la crónica, que Chelemín fue a la cabeza de las tropas andalgalenses que sitiaron la Rioja y que sufriria también los azares del sitio, y la batida que les dio el otro Luis de Cabrera. D. Félix de Mendoza, hasta que los vencedores de Londres y los cercadores de la ciudad de Todos los Santos, se vieron obligados a abandonar el sitio y regresar a su país, de temor al contagio de la peste que se desarrolló.
En la oscuridad histórica de las largas campañas que hicieron sobre Calchaquí, en 1632 y en septiembre de 1637, las fuerzas enviadas desde el Perú en socorro del gobernador del Tucumán, Chelemín debió forzosamente haber desempeñado el rol más importante, y obtenido victorias que anuncian los repetidos envíos de refuerzos al beligerante castellano.
Muy dura debe haber sido en esta época la lucha para los andalgalenses, pues hay que tener en cuenta que el general Gerónimo Luis de Cabrera, corto a los famatinas aliados de aquellos, toda comunicación, a más de haberles obligado a pedir la paz. Aterrorizaría asimismo a los andalgalenses la ejecución que el general Cabrera hizo del pobre Coronilla, cacique Clachaquí, haciéndole despedazar por cuatro potros lanzados a la carrera, los que al llegar a Famatina separaron en cuatro partes el cuerpo del valeroso infeliz cacique.
Más crítica tuvo que hacerse luego la situación de los guerreros calchaquíes por la entrada que a su valle iba a hacer el general al comando de las tropas castellanas, entrada que efectuó después de atravesar Capayán, donde ocurrió la muerte bárbara, casi tan bárbara como la de Coronilla, de Fray Pablo, el embajador oficioso a los indios capayanes.
Llegado Cabrera a CaIchaquí.y fundado Londres de Pomán en 1633, emprendió la conquista del valle de los pacipas, fronterizo por la parte sur con el del cacique Chelemín, sometiendo a aquellos inmediatamente.
El general Albornoz, con diferencia de corto tiempo sujetaba a los pacciocas.
Quedaba en pie Chelemín al frente de sus tribus, oyendo en todas direcciones los fuegos del arcabuz castellano; y aunque los pacciocas estaban sometidos por lo pronto no por eso dejaron, al parecer de alargarle recursos de tropas, las que vinieron muy oportunamente a Chelemín, a quien "sólo le habían quedado treinta vasallos", que se tenía barruntos de que eran dados por los pacciocas".
Fue con tropas tan poco numerosas con las que el bravo Chelemin atravesó las montañas, y amparado por las tinieblas de la noche asaltó al Yucumanita, uno de loso pueblosde la jurisdicción de San Miguel, pasando a degüello a sus habitantes.
Este ataque se hizo con tal furor salvaje que el Pbro. Lozano describe del modo siguiente tan desastrosa escena: "Fueles, dice, lastimosísimo espectáculo a los españoles ver quemadas las casas y la misma iglesia donde estaban muertos muchos que allí se había ido a guarecer, y no pocos reducidos a cenizas en el incendio; otros esparcidos por las calles, sus cadáveres horriblemente mutilados, muchos ya hombres y mujeres y aun criaturas de pecho arpados en flechas éstos derramadas las entrañas, revolcándose en su propia sangre y luchando con la muerte entre las últimas agonías; aquellos divididos por los campos vecinos donde con las ansias mortales se había retirado a probar si podían salvar la vida en algunos escondrijos".
Cuando los castellanos quisieron tomar venganza de Chelemin, éste, atendiendo a lo reducido de su tropa, huyó a los cerros más fragosos, donde después de algunos días dándose con ellos, les mató ochenta soldados.
Chelemin, lejos de atemorizarse por el desastre sufrido, cruzando nuevamente las altas montañas y rehaciendo sus tropas presentó batalla campal a don Antonio, el hijo de D. Félix de Mendoza Luis de Cabrera, venido a Calchaquí desde la Rioja, juntamente con su padre.
Chelemín fue vencido en la refriega; y después de dispersado su ejército, fácil fue al joven y valiente militar castellano rendir a los aconquijas, pipanacos y colpes, dados estos mismos más tarde, en 1651, en encomiendo a don Félix, en recompensa de esta hazaña.
Este desastre de las armas de Chelemín fue precursor de otros nuevos, hasta que el valeroso caci­que cayó prisionero de guerra.
Chelemín fue sentenciado a muerte. ¿Para qué hablar después una palabra más de Calchaquí libre?...
El bravo cacique fue traído a Londres de Pomán, donde fue muerto, "con rigor bien merecido" ya debe comprenderse como...

Texto obtenidos de la Secretaria General de Gobierno

 

 
 
 
 
 
 
(C) Copyright 2008 - www.andalgalaweb.com.ar - NetStat - andalgalaweb@yahoo.com.ar